sábado, 19 de abril de 2014

GAFAS DE CINE

Nuestra actriz de cabecera, Audrey  Hepburn,  después de una noche de fiesta que merecía un modelo de Givenchy, coge un taxi y se encamina comiendo cruasanes hasta el escaparate de la joyería Tyfanys en la quinta avenida de Nueva York,  se coloca unas gafas de sol Ray-ban, modelo Wayfare, dicho modelo fueron las primeras gafas de sol con montura de plástico. ¿Nos podemos imaginar a la elegante Holly sin sus gafas de sol? Probablemente no, ya que los estilistas de la película Desayunos con diamantes, imaginaron a una mujer sofistificada, que pasaba las noches pidiéndoles unos dólares a sus acompañantes para ir al tocador,  y que encontraba la paz en sus días rojos, contemplando el resplandor de los escaparates de la mítica joyería.
Las gafas de sol no las inventaron los estilistas de cine, pero sí las popularizaron, ya que fue en EEUU, donde este complemento se generalizó para el resto del mundo. Y Hollywood fue su mejor escaparate.



 Parece ser que su origen no estuvo ligado a la protección del sol, sino que hay que situarlo en el siglo XV en China, donde unos cristales de cuarzo tintados, protegían los ojos de los jueces con la intención de no mostrar ninguna evidencia ante los hechos juzgados.
Pero como digo no vamos  a desglosar la historia de este objeto, hay artículos que así lo hacen. A nosotros nos interesa ver como a partir de que el ejército americano le encargó unas gajas para los aviadores a la marca Ray-ban, este objeto se convirtió en un objeto habitual entre los actores ,por marcar el perfil de un personaje, para otogarle al actor un estilo determinado o simplemente en su vida diaria para ocultarse para unos cristales tintados.

Sue Lyon nos mira entre pícara y sensual detrás de sus gafas de corazón, mientras saborea una piruleta. Esa es la imagen de la película de Stanley Kubrick, Lolita, basada en la novela de Vladimir Nabokov. En ella una adolescente Dolores Hake se convierte en objeto de adoración de Humber, un hombre maduro con predilección hacia las jovencitas.
Pero volvamos al cartel de la película, esas gafas de corazón no se nombran en la novela, ni siquiera durante la película las lleva, ya que opta por otras también cargadas de personalidad, las de forma de ojos de gata. Así nos preguntamos de dónde salió esa imagen, pues de las fotos promocionales que el fotógrafo Bert Stern, le hizo a Sue Lindon. Este fotógrafo también realizó las fotos del último  reportaje que Marilyn haría para la revista Vogue, y que quedaron inéditas por el alto contenido erótico. Así es que una imagen surgida de la imaginería de un fotógrafo, desconectada del film o la novela, terminó por imponerse como representación de una Lolita que pasaría a convertirse en un concepto más allá de un personaje, transmutando así mismo unas simples gafas en la expresiva metáfora de una tendencia sexual.
Woody Allen también le puso gafas de sol a Annie Hall, ¿o se las puso ella? Por lo visto el vestuario de la película dio más de un quebradero de cabeza a sus estilistas, ya que la actriz Diane Keaton, se empeñaba en lucir su propia ropa en la película. Ralp Lauren fue el responsable del estilo más innovador: pantalones anchos, chalecos, camisas masculinas, bolsos de rabio y gafas de sol redondas.  Woody Allen por lo visto les decía al equipo de vestuario: “dejala que se ponga lo que quiera, es un genio”. Al parecer ella se inspiró en las mujeres del Soho de a mediados de los años setenta.
Stephen Frears hizo a sus Timadores llevar gafas de sol durante los tejemanejes de Angelica Huston, Annette Bening y John Cusack, basada en la novela negra de Jim Thompson, nos hizo descubrir a la futura mujer de Warren Beauty, como una actriz muy alejada del papel dulzón de A propósito de Henry, plantándole cara a la hija del gran director de La reina de África.

Vicente Aranda dirigió un tórrido triángulo amoroso en el Madrid de 1955, en el que una viuda se contorneaba delante de un cándido Jorge Sanz. La sofisticación que abre la brecha entre las dos amantes del actor protagonista, está representada por una estudiada indumentaria que marca cierto estatus para la época, así Victoria Abril, la viuda seductora, luce gafas negras de ojos de gata, acompañadas de medias con costuras, símbolo erótico que contrasta con la inocencia de una jovencísima Maribel Verdú.
Por Almudena









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